¿Y si existiera un lugar en la Tierra que nos recordara que todos somos iguales, sin importar nuestro origen?

¿Y si existiera un lugar en la Tierra que nos recordara que todos somos iguales, sin importar nuestro origen?

¿Y si existiera un lugar en la Tierra que nos recordara que todos somos iguales, sin importar nuestro origen?

En el Hajj, nadie se distingue de otro.

Nadie pregunta: “¿De dónde vienes?”
A nadie le importa cuánto dinero tienes, cuál es tu cargo laboral, cuál es el color de tu piel o el nombre de tu familia.
Los peregrinos visten la misma vestimenta sencilla: dos piezas de tela blanca sin costuras, sin bordados, sin marcas, sin adornos.
Un ejecutivo de negocios de Nueva York, un agricultor de África, un médico de Turquía, un obrero del sur de Asia…
Todos se colocan en la misma fila, caminan sobre el mismo suelo, elevan las mismas súplicas y anhelan la misma misericordia.
Nadie está por encima del otro.
En ese momento, solo queda el ser humano, despojado de toda apariencia, de pie ante su Creador tal como fue creado por primera vez.
El Hajj es el mayor espectáculo de igualdad y unidad en el mundo.
La igualdad es un principio fundamental en el Islam.
El Islam vino a afirmar que todos los seres humanos son iguales en origen y dignidad. Nadie es superior a otro, salvo por su rectitud, una virtud que solo Dios conoce.
Allah, el Altísimo, dice:
"¡Oh, gentes!, los hemos creado a partir de un hombre y de una mujer, y los hemos constituido en pueblos y en tribus para que se relacionen y se conozcan unos a otros. Realmente, el mejor de ustedes ante Al-lah es el más piadoso." [Corán 49:13, Surah Al-Hujurat]
Y el Profeta Muhammad (la paz sea con él) dijo:
"¡Oh gente! En verdad, vuestro Señor es uno, y vuestro padre es uno. No hay superioridad del árabe sobre el no árabe, ni del no árabe sobre el árabe, ni del de piel roja sobre el de piel negra, ni del de piel negra sobre el de piel roja, sino por la rectitud."
[Transmitido por Ahmad]
El Hajj es el lugar donde todas las divisiones humanas se disuelven, y nace una unidad, no forjada por la política ni por la riqueza, sino por la fe.
Podemos diferir en muchas cosas…
Pero en este momento sagrado, se presencia una verdad que a menudo olvidamos:
Que, en esencia, todos somos humanos, iguales, sinceros y de paso por esta vida.